
Cada mañana, Pedro emprende el camino a la escuela junto a Rosita, su inseparable burrita. Juntos recorren varios kilómetros, demostrando que la amistad, el esfuerzo y las ganas de aprender pueden superar cualquier obstáculo.
Una historia que emociona y recuerda que, para muchos niños, llegar a clases también es un acto de perseverancia